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LA MALDICIÓN



 (Una nueva historia de Calígula Sánchez).


DORMITORIO PRESIDENCIAL/PALACIO DE LA MONCLOA. INTERIOR. NOCHE.

PEDRO se agita bajo las sábanas y sobre el colchón Presidential King size (200x200). De repente, oye como si alguien chistara. Se incorpora y enciende la lámpara de la mesita de noche. En una silla, vestido con el mismo uniforme con que lo enterraron, más pequeño de lo que era en vida, está sentado Francisco FRANCO. Mueve las piernas, que no le llegan al suelo, con aire infantil. Dice con voz aflautada.

 

FRANCO

Joven, me ha copiado usted lo de la lucecita de El Pardo.

 

PEDRO

(No parece extrañado por la presencia de Franco)

¿Qué lucecita?

 

FRANCO

La lucecita de El Pardo. Una ocurrencia de mi oficina de propaganda... La verdad es que esos chicos de la Falange tenían talento. Qué lástima que luego se echaran a perder casi todos: el que no acabó socialista acabó liberal... La famosa lucecita del Pardo era una lámpara que siempre estaba encendida en mi despacho de El Pardo, indicando que yo trabajaba día y noche por la prosperidad y la paz de los españoles, y que mi caudillaje era una pesada carga que Dios había puesto sobre mis hombros... Cuando empezó a correr la especie ordené que luciera la luz en mi despacho todas las noches. Pero la verdad es que me acostaba a las nueve de la noche, después de cenar una tortilla francesa y un vaso de leche, y dormía como un bendito de un tirón hasta el amanecer. Manías de militar: disciplina diaria, dormir bien y hacer ejercicio; sobre todo, si uno tiende a coger peso... Paca la culona me llamaban esos cabrones que se decían mis compañeros de armas.

(Añade divertido) 

Ja, ja, la culona se los merendó a todos. Pequeño, regordete y con voz de pito, pero con los cojones como el caballo de Espartero. Cuarenta años estuvieron bajo mis órdenes. Cuarenta años diciendo sí, Excelencia; lo que usted mande, Excelencia; siempre a sus órdenes, Excelencia... Comprendo que tenían que darle salida al resentimiento por algún lado; qué menos que me pusieran apodos irrespetuosos... Eso sí, su falsa dignidad no les hizo llegar al extremo de rechazar los sillones en los consejos de administración que les ofrecí.

(Guarda silencio unos segundos y mira fijamente a los ojos de Pedro) 

He venido para pedirle que me vuelvan a enterrar en el Valle de los Caídos.

 

Pedro no sabe qué decir hasta que dice.

 

PEDRO

¡Pero eso es imposible!

 

FRANCO

Hombre, como posible sí que es posible. Y sobre todo es conveniente; para mí y también para usted.

 

PEDRO

No entiendo en qué podría beneficiarme una decisión tan impopular. Además, fue una promesa que hice personalmente a los ciudadanos, y yo siempre cumplo...

 

Un estruendo de rayos y truenos interrumpe a Pedro.

 

FRANCO

(Muy serio)

Ahora no está usted en un mitin, joven; está hablando con un muerto que ha vuelto del más allá. No debería mentir con tanto descaro.

 

PEDRO

(Mirando inquieto hacia el techo)

Perdón, no era mi intención molestar al más allá.

 

FRANCO

No se da usted cuenta de la gravedad de la situación: está usted bajo la maldición de Franco.

(Más rayos y truenos)

 Usted y todos los que estuvieron implicados en mi reinhumación... No es que les haya echado yo una maldición como si fuera una gitana del Sacromonte, no es eso. Quiero dejarle claro que por mi parte no hay deseo de venganza ni voluntad de hacerles mal alguno. Pero las leyes del más allá son las que son, y son ineludibles. Usted atrajo la maldición al ordenar mi reinhumación. Sólo puede conjurar la desgracia deshaciendo lo que hizo. Y debe hacerlo el veinte de noviembre, el próximo viernes.

(Nostálgico)

 Ay, 45 años ya criando malvas sin poder descansar en paz. Yo creí que conforme fueran pasando los años la gente se iría olvidando de mí, pero qué va, al contrario... Zapatero se empeñó en resucitarme, en resucitar el espíritu guerracivilista..., y desde cierto punto de vista hizo bien, no se lo reprocho..., en la lucha por el poder todo vale, que me lo digan a mí... Pero al resucitarme y andar en boca de unos y otros, todo el día que si Franco para arriba y Franco para abajo, fastidiaron mi descanso.

Cuando comenzó este siglo, por fin ya no se acordaba nadie de mí, salvo cuatro gatos con más años que Matusalén. Nadie iba al Valle a enaltecerme, como dicen ustedes; iban, los más, a curiosear y ver una obra grandiosa, porque, seamos francos (ríe su propia broma), me quedó una obra grandiosa... No me negará que impresiona... Fíjese que hasta Felipe II con su Escorial tiene pelusilla de mí. Y qué decirle de otros grandes dictadores. Hitler no puede disimular que se lo come la envidia; aunque es comprensible, sus cenizas las tiraron a cualquier sitio. Que, por cierto, qué insufrible es ese cabo austriaco..., lo llamo así porque sé que le jode... Se pasa todo el santo día lamentándose de su derrota y llamándome desagradecido por no entrar en la guerra. En cambio, me llevo muy bien con Stalin: la circunstancia común de haber vencido ambos a todos nuestros enemigos y haber muerto en la cama después de muchos años en el poder nos ha unido mucho a Iosif y a mí. Y lo que nos divertimos cuando nos aparecemos juntos a los antifranquistas de última hora, esos que no lo fueron cuando estaba vivo...

(Se da cuenta de que Pedro ya hace rato que no le escucha. Guarda silencio unos segundos hasta llamar su atención y dice cansado)

Sólo quiero descansar en paz.

 

PEDRO

¿Pero cómo justifico ahora que lo devolvemos al Valle con la matraca que hemos dado? Si parecía que el futuro de España de pendía de ello. Fíjese que hemos conseguido que gente ha pasado tan tranquila toda su vida sin pensar en ello, ahora parecía que no podía vivir ni un día más con usted enterrado allí.

 

FRANCO

Usted convirtió un “discreto acto familiar” en un espectáculo mediático. Ahora hágalo en secreto.

 

DORMITORIO PRESIDENCIAL/PALACIO DE LA MONCLOA. INTERIOR. DÍA.

Pedro despierta. Mira a su lado. Begoña duerme. 

 

DESPACHO DEL DIRECTOR DEL GABINETE DE PRESIDENCIA. INTERIOR. DÍA.

Llaman por teléfono. Iván levanta el auricular y escucha. Su cara pasa de mostrar preocupación a alarma.

 

IVÁN

¡Pero no puede ser!

(Sigue escuchando con visible alteración)

Está bien, yo se lo diré al presidente.

 

Iván cuelga el teléfono y sale rápidamente del despacho.

 

DESPACHO PRESIDENCIAL/PALACIO DE LA MONCLOA. INTERIOR. DÍA.

Asoma Iván la cabeza después de llamar a la puerta.

 

IVÁN

Con su permiso, tengo una noticia que darle...

 

PEDRO

Espera, antes tengo que contarte algo.

 

IVÁN

¡Pero ha ocurrido una desgracia!

 

PEDRO

(Como si no lo hubiera escuchado)

Siéntate, por favor... He tenido esta noche un sueño muy raro. Raro no sólo por su contenido, que ahora te contaré, es que lo recuerdo al detalle, como si fuese real...

¿Tú crees que hicimos bien al sacar a Franco del Valle de los Caídos?

 

IVÁN

(Quiere ignorar la pregunta y contarle la grave noticia que acaban de comunicarle, pero responde)

Desde luego. Lo esencial es marcar a la derecha con el estigma franquista y que el antifranquismo siga teniendo sentido 45 años después de que Franco se mudara a criar malvas.

 

PEDRO

Qué curioso, has utilizado la misma expresión que él.

 

IVÁN

¿La misma expresión que quién?

 

PEDRO

Déjalo, déjalo, sigue.

 

IVAN

(Se encoge de hombros y sigue)

Si el franquismo ha sobrevivido a Franco no ha sido gracias al grupito de nostálgicos franquistas que quedaban, que esos cabían en un microbús, sino a que los antifranquistas de hoy, que no quisieron serlo cuando tenían sentido serlo, lo mantienen vivo casi medio siglo después para que su antifranquismo retardado tenga sentido. Y también ha sobrevivido gracias a los que no pudieron ser antifranquistas por edad, esos niñatos -bueno, y no tan niñatos, que tenemos sentado a alguno en el Consejo de Ministros- que creen que combaten a los “camisas pardas” luciendo un triángulo rojo en tuiter o en la solapa. Debemos aprovechar y fomentar esas ridículas pasiones.

 

PEDRO

(Sonríe)

No pareces apreciar demasiado a nuestros socios de Gobierno. Por otra parte, todo eso que has dicho..., digamos que jamás lo diría alguien de izquierdas. Me maravilla tu cinismo. Eres el estratega de izquierdas más de derechas que he conocido.

 

IVÁN

(Sonríe también)

Yo, como Franco, no me meto en política.

 

PEDRO

(La mención de Franco borra la sonrisa de la cara de Pedro)

Anoche soñé con Franco. Me dijo que todos los que estuvimos implicados en su reinhumación corremos grave peligro, y que tenemos que volver a enterrarlo en el Valle de los Caídos... ¿Qué te pasa?

 

Iván se ha quedado blanco. Empieza a sudar y se afloja el nudo de la corbata.

 

PEDRO

¿Pero qué te pasa? Es sólo un sueño.

 

IVÁN

(Dice atropellado)

Lola Delgado dio fe de la exhumación de Franco como notaria mayor del Reino, ¿verdad? Y Baltasar Garzón inició aquel proceso pidiendo su partida de defunción, ¿no?

 

PEDRO

Sí, sí, pero eso qué...

 

IVÁN

¡Acaban de decirme que han muerto hace unas horas!

 

PEDRO

¡¡¡¿Cómo?!!!

 

IVÁN

Aplastados por una cruz franquista.

 

PEDRO

¡¡¡¡¿Qué?!!!!

 

IVÁN

El sábado... Estaban visitando Castapeña, un pueblecito de la Sierra de Guadarrama. Se hacían un selfie debajo de una Cruz de los Caídos que hay delante de la iglesia de San Toribio, San Tarsicio o San Tiburcio, qué se yo... Justo en ese momento la cruz se derrumbó y los aplasto. Hace unas horas han confirmado que eran ellos.

 

PEDRO

(Se echa hacia atrás y se tapa la cara con las manos)

No me lo puedo creer... Franco me advirtió de ello.

 

IVÁN

No creerá que... No, no puede ser. Ha sido una casualidad.

 

PEDRO

Claro, por eso antes te has puesto blanco como la pared, porque crees que sólo es una casualidad.

 

IVÁN

¿Y qué quiere que haga, que me tome en serio la advertencia que Franco le ha hecho en un sueño?

 

PEDRO

No, claro que no... Pero no puedes negarme que todo es muy raro... Déjame sólo, tengo que pensar.

 

IVAN

Seamos prudentes. Esperemos unos días, a ver qué pasa.

 

PEDRO

Hoy es lunes y el viernes es veinte de noviembre.

 

IVÁN

Esperemos hasta el miércoles. Si no ocurre nada hasta entonces, aquí no ha pasado nada.

 

PEDRO

Está bien... Envía mis condolencias a las familias de Lola y Baltasar. Y redacta un comunicado para la prensa... Y de la maldición, ni una palabra a nadie. A nadie.

 

IVÁN

(Forzando una sonrisa)

¿Qué maldición?     

 

 

DORMITORIO PRESIDENCIAL/PALACIO DE LA MONCLOA. INTERIOR. NOCHE.

Pedro se agita bajo las sábanas. Nota la ausencia de Begoña. Se incorpora y enciende la lámpara de la mesita de noche. Confirma que su esposa no está en la cama. Se levanta, camina unos metros, traspasa la puerta del dormitorio y encuentra a Begoña en el saloncito anejo al dormitorio. Begoña lee, y por la cara que pone, parece no entender lo que lee.

 

PEDRO

¿Qué haces?

 

BEGOÑA

Ah, hola. Escucha: "La metodología que aplicamos permite integrar el impacto social en la estrategia de la compañía acelerando nuestros negocios y nuestro estado de bienestar en general. Se trata de lo que se conoce como el 3W: gana la empresa (win), ganan sus grupos de interés (win) y gana el planeta (win)"... ¿Qué quiere decir?... Mañana grabo el vídeo de promoción del Máster.

 

PEDRO

Nada. Es que le ha dado a todo el mundo por imitar las bobadas pomposas y sin sentido de los políticos... No te preocupes, tú lee el teleprónter y ya está, no es necesario que lo entiendas.

 

BEGOÑA

Vuelve a la cama, yo no tengo sueño. Me quedo aquí un rato.

 

PEDRO

Está bien, pero no tardes.

 

Pedro vuelve a la cama. Al lado de ésta, en el suelo, ve un guante blanco, pequeño, como de primera comunión. Lo recoge y lo observa con la cabeza inclinada. De repente recuerda que el uniforme con que Franco se le apareció en sueños incluía guantes blancos. Da un respingo y suelta el guante; antes de tocar el suelo una mano sale debajo de la cama y lo atrapa. Detrás de la mano sale el resto del cuerpo.

 

FRANCO

Gracias, joven. Lo andaba buscando.

 

Pedro da un grito. Mira aterrado a la puerta que da al saloncito donde está Begoña, y luego a Franco.

 

FRANCO

Oh, no se preocupe, ella no puede verme. Sólo usted puede hacerlo.

Pedro se sienta en la cama. Balbucea.

 

PEDRO

No, no..., no fue un sueño... Es real... Estamos malditos.

 

FRANCO

En sus manos está dejar de estarlo.

 

PEDRO

Usted ha matado a Lola y a Baltasar.

 

FRANCO

Bueno, comprenderá que, dada mi situación, no me afecte que me endilguen la muerte de dos rojos más. Aún así me disculparé... Yo no tengo nada que ver..., directamente claro. Ya le dije que la maldición opera a pesar de mí, por encima de mí. En realidad, si hay que culpar a alguien es a usted.

(Observa la cara de horror de Pedro)

Pero usted no podía imaginar que esto iba a ocurrir... ¿Qué persona sensata cree en las maldiciones?... Pero ya ve usted, existen. Así que no tiene más remedio que atender mi petición...

Mire, me cae usted simpático. Comparte conmigo algunas de las cualidades que yo tuve en grado eminente, las que me hicieron mantenerme en el poder durante cuarenta años: confianza en uno mismo, paciencia y, sobre todo, una total falta de escrúpulos... Aunque a mí, por ejemplo, nunca se me habría pasado por la cabeza sugerir a mi amigo Pío Zabala, entonces rector de la Complutense, que le regalara la dirección de una cátedra a mi Carmen... ¿A qué viene tantos remilgos ahora? ¿Por qué no ordena mi traslado al Valle?

 

PEDRO

(Mirando sin ver)

Pero no puede ser... Esto no puede estar pasando.

 

FRANCO

Bueno, me tengo que marchar. No tengo más tiempo. Ya le he advertido. De usted depende romper la maldición. Adiós.

 

Pedro, que sigue sentado en el filo de la cama, se deja caer hacia atrás y cierra los ojos. Cuando los vuelve a abrir, ya ha amanecido. Begoña duerme a su lado.

 

DESPACHO DEL DIRECTOR DEL GABINETE DE PRESIDENCIA. INTERIOR. Al AMANECER.

Iván mira el teléfono. Llaman. Lo coge.

 

Voz de PEDRO

Tenemos que volver a enterrar a Franco en el Valle de los Caídos.

 

IVÁN

Ayer leí el informe de la Guardia Civil sobre el (duda)... el accidente. La cruz la inauguró Franco el 14 de noviembre de 1940... Justo ochenta años antes de aplastar a Lola y Baltasar. 

 

Voz de PEDRO

Llama a Marlaska. Quiero que estéis los dos en mi despacho antes de media hora.

 

Continuará...

 


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